Objetos de encuentro.

“el mundo se experimenta menos como una gran vida que se desarrolla en el tiempo y más como una red que une puntos y entrecruza su madeja”
Michel Foucault. Espacio Otros.

La experiencia de la realidad siempre está mediada por las relaciones que establecemos con los objetos del mundo. Sabemos que nunca es una experiencia pura, directa ni completa, está mediada, y contaminada por las imprecisiones perceptivas de los sentidos, los límites simbólicos del lenguaje y el compendio de datos que configuran cada “enciclopedia personal”. Cada una de las imágenes que percibimos (y configuramos para entender el mundo) tiene la facultad de exhibir y ocultar, decir y negar, ilustrar y engañar. La capacidad humana para aprender lo real no puede ser absoluta, es incompleta y contingente como la propia existencia. Pero más allá de la angustia vital que genera esta condición, siempre parcial e imprecisa del conocer y el vivir, los humanos hemos desarrollado instituciones y disciplinas que pretenden ordenar el mundo para hacerlo inteligible. Desde la misión encomendada a Adán para nombrar a todos los seres de la creación hasta los afanes taxonómicos de los enciclopedistas, todas las religiones y las ciencias han intentado producir una imagen general y lógica del mundo, un orden capaz de dar sentido al caos.

El arte también ha operado en ese sentido, pero desde un ámbito de libertad. Aunque construya relatos y establezca ordenes, el arte incluye en sus manifestaciones la conciencia de la contingencia, de la imposibilidad, de la sombra y el caos. Sabemos que las obras de arte (sobre todo las contemporáneas) aparecen como una vía de aproximación al mundo que no pretende convocar un orden universal completo y univoco, sino más bien profundizar en la conciencia de parcialidad e indagar en la relación del individuo con ese infinito, e inaprensible, mundo que lo rodea y lo modela. Más que formular respuestas el arte aspira a abrir preguntas, es un instrumento para profundizar la duda.

Asentados en esta condición inestable de la obra de arte contemporánea nos acercamos al trabajo de Alexandra McCormick para descubrir que también ella tiene esa conciencia de la evanescencia de lo real y de la construcción de una obra donde la pasión por la clasificación simplemente da cuenta de la parcialidad de la experiencia. Alexandra trabaja a partir de ejes muy generales: memoria, coleccionismo, territorio, vivencia, patrimonio. Y desde allí desarrolla obras de largo aliento, que involucran elementos materiales, registro de experiencias, documentación y vivencias personales puestas en relación con el colectivo. Cada una de sus obras se configura como un objeto en el sentido filosófico del término que indica, como nos explica Ferrater Mora en su clásico Diccionario de Filosofía, que objeto es “todo lo que es susceptible de recibir una determinación y, en último término, en todo lo que es o vale de alguna forma. 'Objeto' equivale, por consiguiente, a 'contenido intencional'; lo objetivo no es, pues, una vez más, algo que tenga forzosamente una existencia real, sino que el objeto puede ser real o ideal, puede ser o valer. Todo contenido intencional —o, en el vocabulario tradicional, todo contenido de un acto representativo— es en este caso un objeto.” Tal como no hay sujetos en el caos, tampoco hay objetos, pero el orden propuesto dentro de las obras de Alexandra solapa las referencias materiales y espaciales, las memorias individuales y las situaciones colectivas, para intentar producir comunidad en torno a sus obras, generando encuentros, generando preguntas.

¿Cómo se organizan los recuerdos?
¿Dónde nos asentamos para tomar posesión del mundo y habitarlo?
¿Qué objetos articulan nuestro accionar en el mundo?
¿Cómo nos apropiamos del espacio y lo convertimos en territorio?
¿Cómo un recuerdo se transforma en memoria colectiva?
¿Qué clase de territorios existen pero están fuera de nuestro alcance?

Cada obra presentada en esta exposición genera interrogantes que tejen la trama con lo colectivo desde la reflexión sobre la vivencia personal, produciendo esas experiencias en fuga que hemos dado en llamar “objetos de encuentro” y que pueden ser entendidas como bisagras, como pivotes. Cinco proyectos conforman la muestra, ninguno es una obra acabada, todos son procesos en desarrollo que se mantienen activos en la medida en que abren diálogos con los espectadores.

El Territorio. Línea de tiempo, recoge el proceso de una obra desde el 2001 hasta hoy, configurando la experiencia desde medios tan diversos como el objeto encontrado, la fotografía, el dibujo y el vídeo. La página web de la artista lo define como “una instalación de un objeto encontrado, acompañado de una serie de registros, que busca la reflexión sobre la noción de territorio como espacio – ficción. El objeto, un zapato, nos contiene y al mismo tiempo delimita el espacio. El límite de espacio lo da la manera en cómo abordamos este objeto encontrado. Así, se reflexiona a partir del estar y de habitar algo que ya está definido por su forma y función, y que ha sido invadido u ocupado por otro organismo.” El zapato está lleno de vida, ha cambiado a lo largo de 11 años, pero continúa contándonos metafóricamente que no es posible asentarse sin transcurrir, estar sin ser.

La oficina de patrimonio intangible, como explica la propia Alexandra en su página web, “se encarga de coleccionar, guardar, conservar y mostrar las experiencias que acontecen a diario dentro de los museos del Banco de la República. Trabaja sobre el vacío que hay entre las obras de arte y la cotidianeidad de la vida que irrumpe por el movimiento de los espectadores y trabajadores dentro de los museos. Recoge la información a partir de documentos fotográficos, textos, videos. Estos son organizados y clasificados, para poder obtener información exacta a determinado suceso. La oficina, que se organizó dentro de las Colecciones del Banco de la República, corresponde a los No Lugares propuestos por Marc Augé, y plantea la visualización de una de las posibles redes que viven como un parásito dentro de un museo de estas características.” Fue resultado de la reflexión de la artista alrededor de los pequeños sucesos cotidianos que recogió durante su trabajo como guía de sala en los museos de Banco, la obra sistematiza registro de situaciones para configurar una colección muy particular, donde los objetos coleccionados pertenecen al orden de lo inmaterial.

Se busca terreno en Colombia es un cartel, una instalación, una obra pública que excede los límites del museo y una pregunta lanzada al aire acerca de la relación entre la propiedad legal de un objeto (en este caso un terreno “desaparecido”) y la tenencia real del mismo. La obra nos habla de la tensión siempre presente entre el estado de hecho y el estado de derecho y como no siempre coinciden.

Déjenos su acta es también una obra en proceso que nace del contacto de la artista con algunos objetos de la colección del Museo Centenario Norte de Santander. La importancia histórica de los documentos acumulados por la institución, y su precario estado de conservación, permiten abrir un debate acerca de la preeminencia del patrimonio inmaterial sobre el material en nuestras ciudades llenas de contadores de historias pero carentes de “archivistas” especializados.

Finalmente Siga esta es su casa es una invitación, una puerta abierta, una idea con la que Alexandra quiere reforzar una vez más que el museo es la casa de todos y lo declara de cara a la calle y a todos los transeuntes de la muy congestionada calle 14.

Susana Quintero Borowiak

Museo Centenario de la ciudad de Cúcuta.
2012